REFLEXIÓN:
Religión (4)
[Nota: Continuación de post anteriores sobre el mismo tema]
Después de todo lo dicho, alguien podría hacerme una pregunta: “Pero bueno, aparte de toda esa historia de la filosofía perenne, ¿tú de religión eres?” Y mi respuesta sería: pues soy católico, porque así fue bautizado y educado.
Aprecio muchos de los valores que recibí en la educación cristiana, y creo que han sido positivos en mi vida - otros no tanto (p.e. la visión de la sexualidad, la culpa o el pecado). No veo ningún razón para “darme de baja” de la religión católica y adoptar formalmente otra religión, dado que sólo estaría cambiando el envoltorio, los aspectos más superficiales, cuando en el fondo, hay una espiritualidad única y común que subyace a la mayoría de las religiones (y, a estas alturas, seguro que no tengo que decir cuál es :-) )
Debido a eso mismo, no soy practicante. Es más, aunque soy católico, me gustan mucho elementos de otras religiones, en particular, del budismo zen, el hinduismo vedanta y la filosofía taoísta. Probablemente, un teólogo cristiano me diría que eso es sincretismo o “religión a la carta”. Pero, hablando precisamente de cartas y de menús, hay un ejemplo fantástico que demuestra que esto no es así. Lo he cogido de un libro de Alan Watts. Él lo menciona sólo de pasada y yo lo he desarrollado más, porque tiene unas posibilidades enormes de ilustración. No lo he visto usar a nadie en ningún otro sitio, así que puede ser una de las pocas ideas originales de este blog. ¡Vamos allá!
Pues bien, las religiones son como los tipos de cocina. Por ejemplo, la religión católica vendría a ser como la cocina italiana (macarrones, lasaña, spaghetti, pizza, carpaccio), con millones de seguidores en todo el mundo. El Islam sería la cocina árabe (cous-cous, fallafel, dátiles) y el budismo zen la cocina japonesa (arroz, sushi, tamari). En realidad, los detalles de los platos son irrelevantes, la idea es que hay muchas maneras distintas de cocinar, adaptadas a la cultura y a los gustos. Pero todos los hombres tenemos estómago e intestino, un proceso digestivo, y una bioquímica de hidratos de carbono, proteínas, grasas y vitaminas. Esa parte común es la filosofía perenne. Y, para saciar tu hambre, ¿qué hay de malo en tomar en ocasiones comida japonesa, china o hindú? Es perfectamente razonable que te puedan gustar todas y, de hecho, cuando más cocinas conoces y pruebas, más aumentas tu sentido del gusto, tu apertura y tu capacidad de apreciar nuevos sabores. Y, si la cocina es equilibrada, tendrás un balance de hidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, que hará estar tu cuerpo en el estado óptimo de bienestar. La filosofía perenne viene a ser como la teoría de la nutrición del alma.

Así que esta es una forma clara e iluminadora de ver el asunto: cocina y religión. Y si uno le da un poco más de vueltas y estira la comparación, ¡no deja de encontrarse paralelismos sorprendentes!:
- Si las religiones son los tipos de cocina y la filosofía perenne es la bioquímica de la nutrición, entonces, ¿qué sería el ateísmo? Bien. Vayamos por partes. Revisemos la definición de ateo, “el que no cree en Dios, o niega a Dios”. Entonces, dado que hay muchas ideas de Dios (casi tantas como religiones), habría que especificar más y poner un calificativo añadido, deberíamos hablar de “ateo cristiano”, “ateo judío” o “ateo musulmán” como aquel que niega el concepto de Dios particular existente en cada una de estas religiones. Pero bueno, vayamos aún mas allá, esas son precisamente las tres religiones que asumen un modelo “teísta” del mundo (Dios como tercera persona ajena a él) así que podríamos pensar que el ateo sería el que niega a cualquier Dios de ese tipo. Sin embargo, también tenemos, en el hinduismo, el modelo “dramático” del mundo (cada uno de nosotros somos Dios actuando); en el taoísmo, el modelo “orgánico” (el mundo como un gran organismo auto-contenido) y, en el budismo, el concepto del “vacío”. Por tanto, aquí la definición de ateo se empieza a liar un poco y, para mantener su postura, un ateo debería negar cualquier aspecto espiritual o trascendente en el ser humano y el mundo, independiente de que se le llame Dios, Ente Superior, Espíritu, Universo o Vacío. Todo esto conduce, volviendo a nuestra comparación culinaria original, a que el ateo sería, no aquél que reniega de un tipo de cocina en especial, sino aquél que niega el propio hambre y la necesidad del ser humano de nutrirse. (Aquí, un ateo podría argumentar que él es perfectamente capaz de vivir sin una dimensión espiritual, pero no sin comer. Es cierto, aunque supongo que está sobreviviendo a base de “alimentos sustitutorios”).
- La cocina de cada región ha sido marcada por elementos culturales, sociales y económicos (p.e. las materias primas que resultaban más abundantes y baratas) - en definitiva aspectos y circunstancias puramente humanos. No es difícil darse cuenta de que ha pasado lo mismo con las religiones, que se han configurado de acuerdo a esos mismos aspectos (p.e. el papel discriminatorio a la mujer en casi todas, la visión de Dios como Rey y de los hombres como súbditos o vasallos, el desprecio al cuerpo y la sexualidad, etc.).
- Se podría decir que, de alguna forma, en la cocina también existe el fundamentalismo, y que a menudo se buscan más las diferencias que las similitudes. “La comida de mi abuela es la mejor”, “La dieta mediterránea es superior a las demás”, “La pasta tiene que estar 'al dente'”...
- Igual que, a pesar de existir unas reglas básicas comunes de alimentación, en última instancia para saber lo que a uno le sienta bien o mal debe escuchar a su cuerpo, de la misma forma existen en espiritualidad una variedad de prácticas cuyo objetivo es la transformación del individuo (meditación, oración, psicología, yoga, etc.) entre las cuales uno puede elegir la que mejores resultados le de - o ninguna, como es mi caso, si decide conformarse con la comprensión intelectual del problema.
- Por último, no me resisto a buscar el equivalente al “fast-food” y las “dietas milagrosas” en el ámbito de la espiritualidad. Si has leído más posts míos, ya sabrás la respuesta: como no podía ser de otra forma, estoy hablando de las sectas, las escuelas de iluminación y muchos de los movimientos de la New Age. La cosa es así: una vez que el ser humano conoce más o menos bien la nutrición y la bioquímica del organismo (conocimiento que es científico, universal, libre y gratuito), aparecen cientos de dietas que lo venden envolviéndolo en algo que es personalista (p.e. "la dieta del Doctor X"), con ánimo de lucro, proselitista, prepotente (“la dieta que funciona de verdad, todas las demás no”), mágico o directamente estrambótico. Ah, y hay algunas que siguen los famosos de Hollywood :-)… ¿Te suena todo esto? Lo mejor que se podría llegar a decir de alguna de todas esas escuelas o movimientos espirituales es que, al igual que las dietas, puede que funcionen en algunas personas – aunque quizá con una perspectiva equivocada (p.e. adoración al maestro, dependencia de unas prácticas o supersticiones concretas, etc.). Sería como llegar (o aproximarse) al destino correcto por un camino equivocado.
Bueno, me haría ilusión recibir comentarios a este post…¡si es que alguien lee mi blog!