REFLEXIÓN: Religión (2)
[Nota: Continuación del post Religión (1)]
Entonces, ¿qué diablos es la “filosofía perenne”? Para saber acerca de sus orígenes históricos (el término se debe sobre todo a Aldous Huxley) y conocer diversos puntos de vista, sugiero como siempre echar un vistazo a la entrada de la Wikipedia en inglés. Para una comprensión más clara y directa, incluyo aquí unos párrafos del libro “Gracia y Coraje” de Ken Wilber, redactados en forma de entrevista:
KW: La Filosofía Perenne es esa visión del mundo que comparten la mayor parte de los principales maestros espirituales, filósofos, pensadores e incluso científicos del mundo entero. Se la denomina “perenne” o “universal” porque aparece implícitamente en todas las culturas del planeta y en todas las épocas. Los mismo lo encontramos en India, México, China, Japón y Mesopotamia, que en Egipto, el Tíbet, Alemania o Grecia. Y dondequiera que la hallamos presenta siempre los mismos rasgos fundamentales: es un acuerdo universal en lo esencial.
Creo que estas verdades de naturaleza universal constituyen fundamentalmente el legado de la experiencia universal del conjunto de la humanidad, que en todo tiempo y lugar ha llegado a un acuerdo sobre ciertas profundas verdades referidas a la condición humana y sobre cómo acceder a lo Trascendente. Esta es una forma de describir lo que es la Philosophia perennis.
TKW: Dices que la filosofía perenne es esencialmente la misma en culturas muy diversas. Pero modernamente se afirma que es el lenguaje y la cultura lo que modela todo nuestro conocimiento. En caso de ser esto cierto, y dado que las diversas culturas y lenguajes son muy diferentes entre si, cabría la posibilidad de que apareciera alguna verdad universal o colectiva sobre la condición humana. Desde este punto de vista no existe una condición humana, como tal, sino tan sólo historia humana; y esa historia es muy diferente en cada caso ¿Qué opinas respecto de toda esta noción de relatividad cultural?
KW: Hay mucha verdad en ello. Existen, sin duda, una diversidad de culturas que poseen un diferente “conocimiento local”, y la investigación de esas diferencias constituye un actividad muy interesante. Pero si bien es cierta la existencia de una relatividad cultural, ello no es toda la verdad.
Además de las diferencias culturales evidentes, como son el tipo de alimentación, las estructuras lingüísticas o las costumbres de apareamiento, por ejemplo, existen también muchos otros fenómenos en la existencia humana que son, en gran medida, universales o colectivos. El cuerpo humano, tiene por ejemplo doscientos ocho huesos, un corazón y dos riñones, tanto si se trata de un habitante de New York como de Mozambique, y tanto hoy día como hace miles de años. Estas características universales constituyen lo que se denomina “estructuras profundas” porque son esencialmente las mismas en todas partes.
Sin embargo, para que las diversas culturas utilicen esas estructuras profundas de maneras muy diversas, como los chinos que vendaban los pies de sus mujeres o los de Ubangi que estiraban sus labios, o bien el uso de tatuajes y de prendas de verter, los juegos, el sexo y el parto, todo lo cual varía considerablemente de una cultura a otra. Todas estas variables reciben el nombre de “estructuras superficiales”, porque son locales en vez de universales.
Esto mismo ocurre también en el ámbito de la mente humana. La mente humana posee estructuras superficiales que varían entre las distintas culturas, y estructuras profundas que permanecen esencialmente idénticas independientemente de la cultura considerada. Aparezca donde aparezca, la mente humana tiene la capacidad de formar imágenes, símbolos, conceptos y reglas. Las imágenes y símbolos particulares pueden variar de una cultura a otra, pero lo cierto es que la capacidad de formar esas estructuras mentales y lingüísticas- y las propias estructuras en si- es esencialmente las misma en todas partes. Del mismo modo que el cuerpo humano produce pelo, la mente humana produce símbolos. Las estructuras mentales superficiales varían considerablemente entre sí, pero las estructuras mentales profundas son, por su parte, extraordinariamente similares.
Ahora bien, al igual que el cuerpo humano produce universalmente pelo y que la mente produce universalmente ideas, el espíritu humano también produce universalmente intuiciones sobre lo Divino. Y esas intuiciones y vislumbres configuran el núcleo de las grandes tradiciones espirituales del mundo entero. Y una vez más, aunque las estructuras superficiales de las grandes tradiciones de sabiduría sean, desde luego, muy diferentes entre si, sus estructuras profundas, por el contrario, son muy similares y algunas veces idénticas.
La filosofía perenne se ocupa fundamentalmente de las estructuras profundas del encuentro humano con lo Divino. Porque aquellas verdades sobre las cuales los hindúes, los cristianos, los budistas, los taoístas y los sufíes se hallan en completo acuerdo, suelen referirse a algo profundamente importante, algo que nos habla de verdades universales y de significados últimos, algo que toca la esencia fundamental de la condición humana.
TKW: A primera vista, resulta difícil ver en que podrían estar de acuerdo el budismo y el cristianismo. ¿Cuáles son, pues, los principios fundamentales de la filosofía perenne? ¿Podrías postular sus tópicos fundamentales? ¿Cuántas son esas verdades profundas y esos puntos de acuerdo fundamentales?
KW: Son muchos, pero veamos los siete que considero más importantes.
- el espíritu existe.
- el espíritu está dentro de nosotros.
- a pesar de ello, la mayor parte de nosotros vivimos en un mundo de ignorancia, separación y dualidad, en un estado de caída ilusorio, y no nos percatamos de ese Espíritu interno.
- hay una salida para ese estado de caída, de error o de ilusión; hay un Camino que conduce a la liberación.
- si seguimos ese camino hasta el final llegaremos a un Renacimiento, a una Liberación Suprema.
- esa experiencia marca el final de la ignorancia básica y el sufrimiento.
- el final del sufrimiento conduce a una acción social amorosa y compasiva hacia todos los seres sensibles.
Una vez leído esto, yo me limito a insistir en una serie de aspectos de la “filosofía perenne” que considero destacados:
- Es algo que procede de un enfoque constructivo, no destructivo. Resulta de buscar las similitudes, no las diferencias. Y esto es algo realmente raro, diría que excepcional en nuestros tiempos (¿debería poner ejemplos? PSOE-PP, musulmanes y cristianos, globalizadores y anti-globalización, católicos y protestantes,...)
- Yo personalmente la veo como el método científico aplicado a la espiritualidad. No es cierto que la lógica, el razonamiento intelectual y el método científico sólo valgan para el nivel más bajo, el del mundo físico. Si miles de personas durante años han meditado, practicado yoga o lo que sea, y todas relatan las mismas experiencias, eso es algo científico. Es reproducible y estudiable. Y hasta podemos medir las magnitudes de la capa física que ocurren de forma simultánea a los fenómenos de las capas superiores (p.e. voltajes, radiación y sustancias químicas en el cerebro).
- Aprovechando la base de la filosofía perenne e integrando elementos de todo el conocimiento espiritual humano: filosofía oriental (hinduísmo, budismo, taoísmo), occidental (Platón, Aristóteles, Plotino, San Agustín, Descartes, Kant,..), religiones (judaísmo, cristianismo, islam), otras tradiciones (chamanismo), ciencia (psicología, biología, neurología, física, ..) se puede construir un marco intelectual o “teoría de todo” que ayuda a entender el mundo espiritual – y a poner orden en aquellos intentos confusos y desencaminados como la New Age o las modernas sectas tipo Cienciología. Personalmente, pienso que el modelo del pensador Ken Wilber es con mucho el que más se aproxima a esa teoría integral del conocimiento, aunque todavía se puede criticar y no es la definitiva. En cualquier caso, ¿por qué una teoría así tiene que ser mejor que otras? Al fin y al cabo no hay una verdad absoluta, ¿no? Pues sí y no. Desde un punto de vista absoluto, efectivamente todo es relativo (en el cosmos no hay arriba ni abajo, ni bueno ni malo, de forma absoluta). Pero desde un punto de vista relativo (el del hombre, con su cuerpo, su estructura cerebral, su alma, la sociedad, el mundo que nos rodea) sí que hay cosas y verdades absolutas, y esas son las que se trata de buscar en la filosofía perenne, y en su versión más avanzada y depurada de los modelos de Wilber y otros.
- La filosofía perenne incorpora a la ciencia y la integra en algo superior. O sea, que la incluye y acepta sus métodos y resultados, lo cual me parece fundamental en toda teoría espiritual que se precie (ya que debe ser “trans-racional” y no “pre-racional”). Nota: en próximos posts hablaré de la falacia pre/trans.
- Desde mi punto de vista, aunque hay tradiciones religiosas, sobre todo las grandes religiones occidentales (judaísmo, cristianismo, islam), que se basan en unas revelaciones sagradas externas al hombre, toda la filosofía perenne y la teoría integral espiritual se puede construir a partir de medios, conocimientos y experiencias exclusivamente humanos. No es necesario recurrir a revelaciones de entidades superiores, ni a conocimientos transmitidos por extraterrestres o seres de otras civilizaciones, ni a canalizaciones o mediums. Todo es sencillo, es alcanzable y es accesible a cualquier persona. Todos podemos ser místicos (otra cosa es que tengamos el tiempo, las ganas o la motivación para ello, yo personalmente todavía no).
- Finalmente, no debería dejar de decir que tanto la filosofía perenne como las teorías espirituales integrales construídas a partir de ella son sólo marcos de referencia intelectuales (es decir, al nivel de ideas, palabras y símbolos), por tanto no conducen por sí solas al conocimiento profundo y auténtico de la realidad espiritual (para el que habría que seguir alguna práctica transformadora, como la meditación), sino sólo a la comprensión intelectual. Pero eso sí, ayudan mucho.

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