REFLEXIÓN: Religión (3)
[Nota: Continuación de los post anteriores sobre el mismo tema]
¿Cómo se ha transmitido y envuelto la filosofía perenne a lo largo de la historia? ¿Cuál ha sido el marketing con el que se la ha querido vender?
Por un lado, en todas las grandes religiones, aunque esta filosofía está presente en el corazón y la esencia de la doctrina, se la ha rodeado de formas, ritos y aspectos humanos (o materiales, por decirlo de otra forma) hasta el punto de llegar a ocultarla. En la novela que estoy leyendo ahora, “Tiempos de Arroz y Sal”, he encontrado una frase que viene al pelo, puesta en la boca de un maestro sufí (que son, más o menos, los místicos del Islam): “La palabra de Dios llegó al hombre como la lluvia en la tierra, y el resultado fue barro, no agua limpia”. Sólo los místicos de cada religión han estado cercanos al espíritu de la filosofía perenne (San Juan de la Cruz, Meister Eckart, Junayd, Ibn Arabai - murciano-, etc.).
En la tradición occidental, basada en los cimientos de la filosofía griega, la exposición de la filosofía perenne (con la excepción de las poesías místicas) ha estado fundamentalmente ligada a la lógica y al discurso racional (Platón, Plotino, San Agustín) – hemisferio cerebral izquierdo. En cambio, en la tradición oriental, se ha hecho más uso de las metáforas, la poesía, la parte irracional, las imágenes y la intuición – hemisferio derecho. En Occidente se usaba la obra escrita como herramienta de divulgación, en Oriente la relación maestro-discípulo y la tradición oral.
En mi opinión, ambos enfoques son complementarios, y sus buenas prácticas ya han sido incorporadas por los actuales intelectuales y teóricos de la espiritualidad como Ken Wilber. Desde que D.T.Suzuki, Alan Watts, Aldous Huxley y otros se encargaran a mediados del siglo XX de introducir la esencia de las filosofías orientales en el pensamiento occidental (incluyendo e integrando la ciencia en el conjunto), la filosofía perenne es libre y accesible a cualquiera de nosotros. Está al alcance de cualquier persona poder entenderla intelectualmente así como poder practicarla. Como en tantas otras cosas (el turismo, el arte, la música), el siglo XX nos trajo la “democratización” del misticismo.
Ahora bien, si es algo tan abierto, si uno puede ir a cualquier biblioteca y sacarse, por ejemplo, los libros de Alan Watts, ¿por qué existen sectas, escuelas de prácticas ocultas o sociedades secretas? Yo creo que sobre todo por simple desconocimiento e ignorancia de la gente. Antes del siglo XX, los precedentes son muchos: herméticos, gnósticos, alquimistas, rosacruces, teosofía e infinidad de variantes de todas ellas. Desde mi punto de vista, tras todo ese ocultismo y tras la parafernalia de la iniciación y del acceso a un conocimiento arcano, secreto y superior, muchas veces estaba la filosofía perenne, probablemente modificada y pervertida. No en vano, muchos de estos grupos reconocían una gran influencia de Oriente, por ejemplo porque sus líderes habían viajado por allí, pero lo que les faltaba era la integración con la tradición racional y científica occidental, así como la aplicación de sus reglas: ser abierta, transparente y admitir la crítica. Esa integración es la que está ya prácticamente conseguida hoy en día, en el siglo XXI. Sin embargo, el envoltorio del ocultismo, la iniciación y las sectas se coló en el cajón de sastre que es la New Age y tiene continuidad aún hoy en día, con diversos grados de apertura, transparencia y disimulo (Cienciología, Metafísica, etc.). Así que mi consejo personal es que uno debería desconfiar de cualquier grupo caracterizado por la falta de transparencia, la falta de crítica, el ánimo de lucro, la personalización excesiva de sus líderes, el proselitismo y la terminología barroca y rimbombante (que forma parte del marketing asociado).
[Nota: Continuación de los post anteriores sobre el mismo tema]
¿Cómo se ha transmitido y envuelto la filosofía perenne a lo largo de la historia? ¿Cuál ha sido el marketing con el que se la ha querido vender?
Por un lado, en todas las grandes religiones, aunque esta filosofía está presente en el corazón y la esencia de la doctrina, se la ha rodeado de formas, ritos y aspectos humanos (o materiales, por decirlo de otra forma) hasta el punto de llegar a ocultarla. En la novela que estoy leyendo ahora, “Tiempos de Arroz y Sal”, he encontrado una frase que viene al pelo, puesta en la boca de un maestro sufí (que son, más o menos, los místicos del Islam): “La palabra de Dios llegó al hombre como la lluvia en la tierra, y el resultado fue barro, no agua limpia”. Sólo los místicos de cada religión han estado cercanos al espíritu de la filosofía perenne (San Juan de la Cruz, Meister Eckart, Junayd, Ibn Arabai - murciano-, etc.).
En la tradición occidental, basada en los cimientos de la filosofía griega, la exposición de la filosofía perenne (con la excepción de las poesías místicas) ha estado fundamentalmente ligada a la lógica y al discurso racional (Platón, Plotino, San Agustín) – hemisferio cerebral izquierdo. En cambio, en la tradición oriental, se ha hecho más uso de las metáforas, la poesía, la parte irracional, las imágenes y la intuición – hemisferio derecho. En Occidente se usaba la obra escrita como herramienta de divulgación, en Oriente la relación maestro-discípulo y la tradición oral.
En mi opinión, ambos enfoques son complementarios, y sus buenas prácticas ya han sido incorporadas por los actuales intelectuales y teóricos de la espiritualidad como Ken Wilber. Desde que D.T.Suzuki, Alan Watts, Aldous Huxley y otros se encargaran a mediados del siglo XX de introducir la esencia de las filosofías orientales en el pensamiento occidental (incluyendo e integrando la ciencia en el conjunto), la filosofía perenne es libre y accesible a cualquiera de nosotros. Está al alcance de cualquier persona poder entenderla intelectualmente así como poder practicarla. Como en tantas otras cosas (el turismo, el arte, la música), el siglo XX nos trajo la “democratización” del misticismo.
Ahora bien, si es algo tan abierto, si uno puede ir a cualquier biblioteca y sacarse, por ejemplo, los libros de Alan Watts, ¿por qué existen sectas, escuelas de prácticas ocultas o sociedades secretas? Yo creo que sobre todo por simple desconocimiento e ignorancia de la gente. Antes del siglo XX, los precedentes son muchos: herméticos, gnósticos, alquimistas, rosacruces, teosofía e infinidad de variantes de todas ellas. Desde mi punto de vista, tras todo ese ocultismo y tras la parafernalia de la iniciación y del acceso a un conocimiento arcano, secreto y superior, muchas veces estaba la filosofía perenne, probablemente modificada y pervertida. No en vano, muchos de estos grupos reconocían una gran influencia de Oriente, por ejemplo porque sus líderes habían viajado por allí, pero lo que les faltaba era la integración con la tradición racional y científica occidental, así como la aplicación de sus reglas: ser abierta, transparente y admitir la crítica. Esa integración es la que está ya prácticamente conseguida hoy en día, en el siglo XXI. Sin embargo, el envoltorio del ocultismo, la iniciación y las sectas se coló en el cajón de sastre que es la New Age y tiene continuidad aún hoy en día, con diversos grados de apertura, transparencia y disimulo (Cienciología, Metafísica, etc.). Así que mi consejo personal es que uno debería desconfiar de cualquier grupo caracterizado por la falta de transparencia, la falta de crítica, el ánimo de lucro, la personalización excesiva de sus líderes, el proselitismo y la terminología barroca y rimbombante (que forma parte del marketing asociado).

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